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…YOU ARE AN IRONMAN!

Nunca pensé que iba a escuchar estas palabras, ¡ni que representaran una de las mejores experiencias de mi vida!

Cuando decidí correr mi primer IM en Cozumel, nunca mi imaginé que estaba por vivenciar una experiencia única que me iba a dejar muchos aprendizajes.

El entrenamiento específico para un Ironman tiene una duración aproximada de 4 meses. Estos 4 meses son duros y la cantidad de horas de entrenamiento van in crescendo paulatinamente.  Este período es exigente a nivel físico, pero también es un desafío a nivel personal, laboral y familiar. Las claves son: entrenamiento, descanso y alimentación. Pero también necesitamos contar con el apoyo de nuestras familias, ya que nos vamos a ausentar durante varias horas, especialmente los fines de semana.  También sentí que a nivel social es complejo combinar el entrenamiento con las salidas, ya que es fundamental descansar tiempo suficiente para poder entrenar largas horas.

Durante los meses de entrenamiento, la mayor carga es física, pero el día de la carrera es un 60% aproximado mental y un 40% físico. Nuestro cuerpo está entrenado, pero si nuestra mente no nos acompaña, difícilmente podamos cruzar la meta.

En la carrera es importante pensar en cada disciplina por separado, no en la totalidad de la prueba…  Una vez que comenzó el período de descarga, en donde uno baja la carga de entrenamiento para descansar, me focalicé mucho en el entrenamiento mental, en cómo iba a encarar este desafío tan largo.

LA CARRERA

El agua

La natación para mí es mi talón de Aquiles, el deporte que más me cuesta de los 3.  El día de la carrera disfruté mucho el agua, la temperatura estaba ideal, el agua transparente, veía peces al nadar y fue la primera vez que salí en una carrera del agua ¡con una sonrisa! Me propuse nadar y nadar, muy concentrada en llegar y en poder sentir el placer de estar en esas aguas increíbles.

La bici

Cuando salí a pedalear miré el mar a mi derecha y me sentía súper bien, contenta, hasta que llegué al km 40 y sentí un ruido muy fuerte.  Me asusté y enseguida paré a un costado, cuando me bajé sentí que ¡se cayó el asiento de la bici al suelo!  Estuve media hora parada esperando que llegara la moto del auxilio mecánico. Como se habían roto los tornillos que sujetan el asiento, lo único que pudimos hacer es atarlo con un precinto cortado.  La frase del mecánico fue: “si no te movés, vas a estar bien.” Tema complicado, ya que me quedaban 140 kms. con una lluvia tropical que no se veía, algunas calles inundadas y asfalto con pozos y desniveles.

Esta fue la mayor prueba de la templanza que tuve que tener para no entrar en pánico y focalizarme en terminar los 180 kms. y obviamente, la carrera.

Cuando llegué a la T2 se me saltaban las lágrimas… estaba agotada, estresada y con náuseas. 

Correr

Y me quedaban 42,195 kms! Pero salí convencida que iba a correr mi mejor maratón, sabía que correr era lo mío, que había entrenado para esto… así que empecé a correr tranquila, sabiendo que de a poco me iba a acomodar… y así fue… me fui acomodando, me empecé a sentir mejor y corrí, corrí y corrí hasta llegar a la meta!

La llegada

Cuando visualicé la famosa alfombra estaba exultante, desbordada, feliz y me olvidé de todo lo que me había pasado, solo quería pasar ese arco… era la culminación de tantos meses de entrenamiento, tanto esfuerzo, disciplina y perseverancia.

ENSEÑANZAS

Como toda gran hazaña y gran hito en la vida de una persona, estas carreras nos dejan muchas enseñanzas que hay que poder canalizar y dejar que decanten para entender el cúmulo de sensaciones que uno transita.

Por un lado pasar tantas horas con uno mismo, sin hablar con nadie es una experiencia diferente y muy enriquecedora, en donde nos enfrentamos a nuestros demonios, nuestras creencias limitantes y nuestras debilidades.  Está en nosotros aprender a enfrentarlos y a sacar nuestra mejor versión para enfrentar las vicisitudes de este gran desafío.

En la vida muchas veces transitamos situaciones similares en donde la templanza, mente positiva y perseverancia son el camino para sobrellevar las dificultades y escollos que se nos presentan.

Y otra gran enseñanza fue que el IM de Cozumel tuvo situaciones favorables para la mayor parte de los participantes. Pero en mi caso estas situaciones fueron desafiantes y desfavorables.  Y esto nos pasa en el día a día también y la clave está en no pensar por qué me pasó esto a mí, sino en usar las herramientas con las que contamos para hacer frente a los escollos y dificultades que la vida nos presenta.  Nuestra vida es un gran entrenamiento y nuestras decisiones son las carreras varias en donde ponemos a prueba todo lo entrenado.